Escritoras de las Latin-A-méricas: Hablan las narradoras

Charla y lectura: 30 de Septiembre y 4 de noviembre, 2016

The Graduate Center, Lounge 4116, 6:30 pm.  365 Fifth Ave. New York, NY  10016

The PhD Program in Hispanic and Luso-Brazilian Literatures and Languages

El número de escritoras latinoamericanas publicadas en el siglo XXI va en aumento. Muchas de ellas, además, han ganado espacios entre nuevos lectores gracias a la traducción y difusión de sus obras por editoriales  en Nueva York; en ese sentido, la ciudad se ha convertido en un espacio fértil para crear puentes trasnacionales entre escritoras de las Latin-A-méricas, así como en un lugar de apertura que da cabida a nuevas voces.

Escritoras de las Latin-A-méricas. Hablan las narradoras inaugura un ciclo de conversatorios entre reconocidas escritoras. Se trata de un espacio donde ellas puedan entablar un diálogo cercano con el público académico acerca de sus obras, así como del vínculo existente entre la academia y el trabajo creativo en el contexto transnacional que une a Nueva York y a Estados Unidos con los países latinoamericanos.

Las cuatro narradoras invitadas son Sylvia Molloy y Lina Meruane (30 de setiembre) seguidas por Achy Obejas y Valeria Luiselli (4 de noviembre) en el Graduate Center de la City University of New York.

El evento es gratuito y abierto al público, organizado y auspiciado por el programa de doctorado en Hispanic and Luso-Brazilian Literatures and Languages de The Graduate Center, CUNY. Con el apoyo adicional de Classical and Modern Languages & Literatures of City College of New York, CUNY; el Doctoral Students’ Council; Feminist Press; Center for the Study of Women & Society, The Mexican Cultural Institute of New York y el Cinema Film Studies Group.

Nota de prensa. Press Release – Contact: 212-817-8410    hlbll@gc.cuny.edu

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diseño de Eduardo Roncal

Notas de “Internacional Microcuentista”

Internacional Microcuentista: Revista en breve,  es un Blog sobre microcuentos que se publica por un grupo editorial de seis escritores. Ellos recopilan noticias sobre nuevas publicaciones de microrelatos por escritoras y escritores y difunden información sobre congresos y conferencias, certámenes y publicaciones. A seguir, una copia de su último posting sobre los tres ganadores del mes de octubre, elegidos por la escritora argentina, Patricia Nasello. Para conectarse directamente con este blog, sigan el enlace: http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/?view=magazine

“Ganador del mes de octubre:Posted: 06 Nov 2015 12:00 AM PST ¡Ya tenemos al ganador del Calendario Microcuentista 2016 del mes de octubre! En esta ocasión, la selección estuvo a cargo de la escritora argentina Patricia Nasello.

Patricia Nasello (Argentina, 1959). Editora de MICROFILIAS, Revista Trimestral de los Géneros Breves en Español. Publica LIBROS AL ALBUR (Sevilla, España). Publicó el ebook “Nosotros somos eternos” (2015), editorial Libros al Albur, Sevilla, España, y el libro de microcuentos “El manuscrito”(2001), edición de autor, Córdoba, Argentina. Ha sido publicada en periódicos, revistas culturales y antologías de cuentos— Argentina, España, México, Venezuela y Rumania—, como así también en el libro de texto escolar “Lengua, Prácticas del lenguaje 6” (2012, Kapelusz-Norma Ediciones, Buenos Aires, Argentina) y “Teatro X la identidad —2010/2011—” editado por el Ministerio de Educación de la Nación Argentina, participa en el audiolibro “Viejos amigos” (2014, Estudio Malva, Chile). Algunas de sus ficciones fueron distinguidas con traducciones al inglés, francés, rumano e italiano.
PROCESO CREATIVO, de Héctor García (Micro ganador) 
Todos los días a primera hora vamos al muelle con nuestras cañas, arrojamos las líneas al cielo y, pacientes, esperamos que muerda el anzuelo alguna idea interesante.
EL PÁJARO AZUL, de Plácido Romero (Primera mención) 
Un extraño pájaro azul se posó en la barandilla de hierro de mi balcón. Traté de recordar lo que muchos años atrás me había dicho mi abuelo: sería feliz si viese un pájaro azul. O era que me tenía que comer un pájaro azul. O debía capturarlo y meterlo en una jaula. O debía dejarlo escapar. O debería hacerle una foto. O tenía que ignorarlo porque los pájaros azules no traen la felicidad, sino la desgracia.
–¿Te vas a decidir? –me gritó el pájaro azul–. No tengo todo el día.
LA JAULA DEL PÁJARO AZUL, de Paz Díaz de la Torre (Segunda mención) 
Un día de primavera Garcín se pegó un tiro en el cráneo. Junto a su cuerpo se encontró una nota: “Hoy, por fin, dejo abierta la jaula al pájaro azul”. Afuera el cielo descolorido se confundía con el mar y las espigas de agapanto perfumaban el paseo. Los niños corrían y jugaban ajenos a lo que sucedía. Nadie miró hacia arriba, nadie pareció advertir que el pájaro azul ya había elegido otro cerebro donde anidar.

Felicitamos al Escritor Pedro Lemebel

El Escritor Pedro Lemebel, novelista, autor de ensayos y cronista, ha sido galardonado con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2013 de la Universidad de Talca

ImageA seguir las notas biográficas obtenidas de Memoria Chilena, sitio digital de la Biblioteca Nacional, sobre Lemebel. Para encontrar una respuesta personal, busquen su página en facebook (no es para hacerle propaganda a facebook, pero lo fantástico es “oir” la voz de un escritor tan directa e inmediata. Esto es lo que dice:

RECIBO ESTE PREMIO CON HUMILDAD (JAJAJA) ME DICEN MODESTA LEMEBEL….SE LO DEDICO A MAMA A gLADYS A MI CLASE OBRERA A MIS LOCAS A MI AMORES AUSENTES…
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Pedro Lemebel: Maquillaje, rabia y provocación

Pedro Lemebel es seguramente el único escritor chileno que se maquilla y usa zapatos de taco alto, al menos en público. Maquillaje y tacones son parte de la propuesta contestataria de este escritor, que de ser un niño pobre criado a orillas de un basural y un artista travestido que usaba la provocación como herramienta de denuncia política, pasó a ser uno de los autores chilenos más comentados y exitosos de las últimas décadas.

Pedro Mardones Lemebel, hijo de Pedro y Violeta, nació en 1955, literalmente en la orilla del Zanjón de La Aguada. Vivió en medio del barro hasta que, a mediados de la década siguiente, su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales en avenida Departamental. En ese medio, en el cual los niños tenían limitado acceso a la educación, ingresó a un liceo industrial donde se enseñaba forja de metal y mueblería y, posteriormente, cursó estudios en la Universidad de Chile, de donde egresó con un título de profesor de Artes Plásticas.

Sus primeros acercamientos sistemáticos a la literatura ocurrieron en un taller literario a comienzos de los ochenta, donde empezó a escribir cuentos. También participó en algunos concursos menores, como el organizado por la Caja de Compensación Javiera Carrera, donde obtuvo un premio por su cuento “Porque el tiempo está cerca”, publicado en una antología de 1983. El autor tenía entonces 26 años y trabajaba como profesor de Artes Plásticas en dos liceos, de los cuales fue despedido ese mismo año, presumiblemente por su apariencia, ya que no hacía mucho esfuerzo por disimular su homosexualidad. Después de esa experiencia no volvió a hacer clases y decidió concentrarse en los talleres de escritura. Allí fue forjando redes intelectuales, políticas y afectivas, principalmente conescritoras feministas y de izquierda como Pía BarrosRaquel OleaDiamela Eltit yNelly Richard, quienes lo acogieron y vincularon a instituciones que estaban a medio camino entre la cultura marginal de resistencia a la dictadura y la academia oficial.

Sin embargo, su inserción en las filas de la militancia de izquierda fue problemática, ya que su homosexualidad tampoco fue bien recibida en ese círculo. La primera vez que usó sus famosos tacones fue en 1986, en una reunión de los partidos de izquierda en la Estación Mapocho, donde el escritor leyó su manifiesto “Hablo por mi diferencia”, ante una audiencia perpleja. Ese mismo año, Pedro participó con siete relatos suyos en la antologíaIncontables, editada por el taller de Pía Barros.

En algún momento indeterminado de aquellos años revueltos, la vida artística de Pedro Mardones Lemebel tomó un giro sorprendente. Pasó del anonimato literario a laperformance artística, al formar junto al poeta Francisco Casas el dúo “Las Yeguas del Apocalipsis”, que se caracterizó por irrumpir de manera sorpresiva y provocadora en lanzamientos de libros y exposiciones de arte, transformándose a poco andar en un mito de la contracultura. Para esa misma época, Pedro adoptó exclusivamente su apellido materno, dejando atrás el nombre con el que había firmado sus primeros trabajos literarios. De este modo fue dejando atrás al personaje teatral, para consolidarse definitivamente como escritor.

En 1995 Lemebel publicó su primera colección de crónicas, La esquina es mi corazón y al año siguiente creó un programa en Radio Tierra, llamado “Cancionero”, donde leía crónicas ambientadas con sonidos y música incidental. A partir de entonces comenzó a convertirse en un cronista urbano que husmeaba por los pliegues más oscuros de la vida cotidiana chilena. En los años siguientes publicó Loco afán y De Perlas y cicatrices, nuevas recopilaciones de crónicas en las que se fue afianzando su singular voz literaria, que mezclaba lo barroco y lo marginal en un tono de provocación y resentimiento.

Hacia fines de la década de los noventa, Lemebel -que ya era un personaje popular- se consolidó como figura literaria en el ambiente local y emprendió su proyección internacional. En el año 2001 incursionó en la novela con Tengo miedo torero, volumen que permaneció durante más de un año entre los libros más vendidos en el país, además de ser traducido a diversos idiomas. Posteriormente, Lemebel ha continuado desarrollando su labor de cronista publicando nuevos títulos de crónicas como Zanjón de la Aguada y Adiós mariquita linda.

http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=pedrolemebel(1955-)

Otros enlaces:

http://sociedaddeescritoresdechile.blogspot.com/2013/09/felicitamos-al-escritor-pedro-lemebel.html

http://lemebel.blogspot.com/

Microrelatos en cadena: “Cruzar”, de Mariana Romo-Carmona

A menudo leo relatos, nueva ficción experimental y poesía publicada en blogs por otros escritores. También hay muchas revistas que se publican en papel y online y presentan una gran diversidad de trabajos por escritores interesantes. Lo importante es la creatividad que nos motiva a escribir. Así fue que encontré un blog colectivo, como el nuestro, en que los escritores publican relatos en cadena– eso es, cada relato comienza con la última línea del relato anterior. ¡El resultado es fantástico! El único requisito es que el relato no pase de las 250 palabras. Realmente es un arte escribir buenos microrelatos. Es un reto a nuestra creatividad. Quisiera proponer que intentemos algo parecido.

Aquí tienen mi relato, titulado “Cruzar”, que comienza con la última oración del relato publicado por Rhodea Blason en el blog http://www.relatosencadena.com/

Les invito entonces a que escriban un microrelato de no más de 250 palabras, que comience con la última oración que escribo aquí. Después de la primera ronda de relatos, podemos comenzar a entrelazar relatos en inglés. ¡Quién sabe hasta dónde llegaremos!

Saludos literarios,

Mariana

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Cruzar

por Mariana Romo-Carmona

Cruzando el gran portalón se sintieron dos certeros tiros que le dejaron allí tendido al sol. La conciencia encadenada al cuerpo fláccido del prisionero se desprende cual tela adhesiva de sus carnes, empujando el mejunje de maldad podrida y detrito humano para erguirse en la atmósfera salpicada de sangre que rodea al cadáver. El tiempo se ha detenido con un chirriar de frenos. Libres, las burbujas de la conciencia restante se dispersan entre las moléculas de oxígeno que suben hasta alcanzar la corriente que las mezcla en las nubes con moléculas de hidrógeno millares de veces en un ciclo de lluvia, mar y río.

Tiempo, silencio, inmovilidad casi perpetua. En la ciudad de Los Angeles nace un crío de fuertes pulmones, ojos pardos, alma antigua. En otra parte de la ciudad una escritora se rasca la cabeza buscando el hilo melódico de una narrativa que se le escapa hace días. Desde su despacho, Eliana oye los pasos de Susana que se acercan.

–¿Tienes hambre, amor? Te traje pan con tomate y queso y un café con leche…—

–Mmm, qué rico. ¿Cómo sabías?– Susana deja la bandeja sobre el escritorio y abraza a Eliana, cubriéndole la frente de besos.

–Soy adivina. Y, ¿cómo va ese cuento?

–¡Es un desastre! No se me viene a la mente nada más que imágenes en blanco y negro.

Atardece. El horizonte se enciende en una hojarasca. Eliana se pregunta por qué se imagina escenas de una película en que un reo muere acribillado.

Alborada: nuevo cuento de Julio Escalante Fuentes

ALBORADA

Para Byron, Felipe Ávila, Eduardo Hernández y para mi madre,

Ángela del Carmen Fuentes Vda. de Escalante.

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El sol amenazaba con denunciar nuestra posición. La alborada podía olerse y se sentía en la piel. Los cuajos del sereno goteaban después de deslizarse de las hojas que, los mantenía capturados hasta que la gravedad los liberaba. Una caída libre los pulverizaba contra las piedras rojizas y esponjosas que el volcán había llovido en su última  erupción. Este postrero cambio topográfico -llamémosle también escenográfico- las había colocado, cómo puestas por las manos de un gigante al borde de la vereda. Como a eso de las seis de la mañana, ya llevábamos dos horas caminando por esa senda ascendiente, bastante empinada y polvorosa que los lugareños conocen como «la culebrita».

Alguno que otro perro se nos acercaba, ladraba, se comía su galleta y bondadosamente nos regalaba miles de colazos, a más de alguno de los compañeros le acertaron un latigazo una cuarta abajo del ombligo.

-¡Hay!- y -¡ahhh…!- interjecciones de dolor, contrapunteaban los sonidos de la fauna de estos verdes parajes paradisíacos.  Los golpes amistosos de los rabos produjeron gemidos de sorpresa en el ambiente liviano con un trasfondo rojizo. La luz que se filtraba por entre las nubes tenía el efecto de colorear todo de tono bermellón. A cierta hora del día, nuestra “madre tierra” se tiñe del color de la sangre.

Carlos se mostraba disgustado por nuestro barullo, Y no le parecían las reacciones y los gemidos de sus subalternos. En realidad, no eran propios de un grupo élite de infantería.  Nuestro comandante, Carlos Chinchilla, era el encargado de interceptar y neutralizar a los perros. Galletas de maíz, canela y miel fue el armamento utilizado para distraer y silenciar a los canes -el soborno también funciona en relaciones entre hombres y seres de otras especies.

complejovolcanes8viLa misión dependía del silencio y el factor sorpresa, el cuál urgíamos estuviera de nuestro lado.  Ahora sé, acertadamente que, el silencio lo era todo para cumplir exitosamente nuestra descabellada misión. Los efectivos de penetración y choque no podían prescindir de sus armas reglamentarias hasta hacer contacto con el enemigo. Así que bajo ninguna circunstancia podían desactivar (liquidar) ningún mamífero de la orden “canis mejorum amigus hominis”. Ningún tipo de armamento letal era permisible —se evitaba dejar todo tipo de huella. La orden superior recibida respetaba la vida de los perros, pero no las vidas de los enemigos.

El mínimo ruido tenía la posibilidad de alertar los centinelas que custodiaban el perímetro de seguridad, dónde había sido identificado nuestro objetivo: una radio clandestina móvil que transmitía propaganda guerrillera por las noches. Mientras más nos alejábamos del pueblo, los sonidos, en esta húmeda mañana, parecían magnificarse. Los pájaros y los murciélagos revoloteaban como esperando la salida del sol. Los chirridos de los miles de ovíparos que pululan en las faldas de la montaña y sus ecos, nos recordaban que ellos eran los verdaderos dueños de estas alturas. La luz tétrica de esta alborada los encubría, los volvía impalpables. Aún no les podíamos ver pero sí les oíamos en las copas de los árboles frondosos. Armaban su algarabía, una celebración que los seres humanos imitan en las grandes ciudades, cuando se enfilan con dirección hacia sus puestos de trabajo. De cierta manera, es posible aceptar que estos pájaros también se preparaban para comenzar una nueva jornada laboral: todo ser viviente sirve un fin en nuestro planeta.

A lo lejos, escuchamos dos disparos casi en la cima de  la cumbre. Las aves multicolores de diferentes tamaños se soltaron a volar. Su prodigioso vuelo ganaba las alturas, despegaban como lo hacen miles y miles de aviones en los aeródromos por todas partes. En su levante, el esplendor del sol. con toda su excelsitud pintó los plumajes diversos que ahora claramente parecían flotar en el aire, así suspendidos en el aire (como cometas que son tirados por niños en las tardes ventosas) jugaban con el viento hasta que formaron un arco iris. Por unos largos segundos las explosiones dejaron de ser meras detonaciones y se convirtieron en un tipo de mando a distancia que inauguraba un espectáculo: pericos, loras, cacatúas, colibríes, cuervos, zanates, tortolitas, golondrinas en pleno vuelo giraban, demostraban sus habilidades aeronáuticas, se encumbraban muy alto.  Tantos malabares anunciaban algo, quizás nos descubrían el inminente peligro de nuestro futuro cercano. Nuestras miradas seguían los movimientos rítmicos en el firmamento muy despreocupadamente, hasta que, nuestro guía paró la marcha abruptamente. No pudimos dar un paso más.

Nuestra posición se había comprometido, y peor aún, estábamos completamente perdidos. Nuestra escuadra, un grupo de 12 soldados -entrenados especialmente contra movimientos insurgentes en la selva-,ilustrábamos el patetismo, éramos la cara de la desgracia. ¿Cómo pudimos llegar desubicados al borde del barrancón? ¿Para qué sirvió tanto entrenamiento en el extranjero?¿Por qué la misión ordenó que teníamos que venir casi desarmados? ¿Ni una metralla M-50? Todas estas muy buenas interrogantes, emergieron de las bocas de los compañeros. Carlos rehusó a contestar y ordenó silencio.

—¡Se los juro hijueputas! El que siga con la alharaca me las va a pagar muy caro.

Otra vez escuchamos balazos, ráfagas nutridas. Ahora los estampidos también silbaban en su trayecto colindante a nuestros oídos.

—Nos están atacando —aseveré, sin temor a ninguna represalia.images-5

Tres soldados perdieron el equilibrio y cayeron heridos al precipicio. Cómo los pájaros antes, los tres cuerpos parecían querer tomar vuelo. Pero la fuerza de gravedad y el peso de sus masas corporales imposibilitaron toda levitación. Para los nueve soldados que quedábamos no había escapatoria alguna. Desde el principio, esta operación había sido suicida.  Tuvimos un total de once bajas. Once vidas truncadas. Hasta el día de hoy, no sé cómo sobreviví yo.

Mis nuevos compañeros dicen que estuve agonizando varias semanas. El curandero y su «prueba del puro» me confirmó que mi día no llegaba aún. Ahora escribo viendo las cosas desde el otro lado, o sea, el otro bando. Les debo la vida.  Las guerras fratricidas ofrecen opciones.

La última parada del tren: cuento de Osiris Mosquea

La última Parada del Tren

Osiris Mosquea

Unknown             Cuando abordé el tren A en la  estación de Canal Street, no pude hacer otra cosa más que mirar a esa mujer. Vestía una blusa  roja, falda negra y unos tacones altos, ligeramente ataviada  para el viento frío de una tarde de invierno.  Yo estaba demasiado abrigada, quizás.  Ella me impresionó. Parecía tener unos 55 años, tez blanca, pelo negro ondulado, como olas flotando en su cabeza; puedo decir que tenía  unos hermosos y saludables dientes, lo sé porque la vi sonreír varias veces.

  –¡Qué mujer más hermosa!,  pensé sin dejar de mirarla.

El tren para en W4. Entra un chino vendiendo baratijas y me propone sus mercancías. Muevo la cabeza de lado a lado y en un tono bien bajo le digo “no thanks”. Alguien se cambia de vagón. El tren produce un ruido  infernal.

Ella nunca me miró. Jamás posó sus ojos sobre mí, aunque con frecuencia levantaba la cabeza y miraba con sus enormes ojos claros  alrededor, momento que yo aprovechaba para escudriñarlos, luego regresaba a su lectura.

Era tal su entusiasmo con la lectura que nunca se dio cuenta de la insistencia con que yo la miraba. Todo en ella me atraía, tenía un hálito de inteligencia en la expresión, una picardía que me inquietaba. Sus ojos eran vivos, brillantes, enigmáticos. De cuando en cuando relamía sus labios como quien saborea un jugoso durazno, y sonreía con esos dientes blancos, perfectos.

Leía con tanto interés que frecuentemente volvía una página  atrás, a veces  dos, y entonces tomaba notas en una libreta amarilla que tenía sobre sus piernas y reía, reía  con una magia tal que lo olvidé todo. Olvidé que era lunes y que me había prometido retomar el gimnasio, hacer algo saludable de comer y terminar un ensayo pendiente en mi computador.

En la estación 125 alguien entra invadiendo el vagón con un fuerte olor a pollo y papas fritas. Rogué con todas mis fuerzas que no se sentara a su lado, no es justo contaminar su aroma a Chanel #5. Pensé que quizás ella, como yo, detestaba el olor a pollo frito con papas.

Solo ella existía para mí en aquel vagón; solamente ella con su blusa roja de seda, su falda negra y tacones altos.

Era extraña la sonrisa en sus finos labios dibujados de rojo. En ocasión murmuraba algunas palabras y anotaba en su libreta. Sin duda disfrutaba su lectura; más que eso, lucía feliz.

Saqué mi labial y me retoqué los labios, no tan rojos como los de ella.

El saber qué murmuraba esa mujer tan quedo y lo que escribía en su libreta, se convirtió en otra obsesión para mí ¡Dios mío, esta mujer toda una tentación!

Me entraron unas desesperantes ganas  de saber qué leía. Pensé cambiarme de asiento, sentarme a su lado y de reojo leer por lo menos unas líneas.

No sé cuánto tiempo pasó. La parada donde debía salir del tren había quedado atrás, pero no me importó. Mi curiosidad era más fuerte que todo y decidí llegar hasta donde ella llegara; ella, leyendo su libro y anotando en su libreta amarilla, y yo, rebuscando en cada resquicio de su figura.

El conductor del tren anunció: “two hundred and seven street. Last stop

Rápidamente la mujer se dispuso a salir, y fue entonces cuando leí en la portada del libro estas palabras: TÉCNICAS PARA MATAR A SU MARIDO.

 

Nota: Este cuento se publicó originalmente en la Revista Trazos, 2012