Microrelatos en cadena: “Cruzar”, de Mariana Romo-Carmona

A menudo leo relatos, nueva ficción experimental y poesía publicada en blogs por otros escritores. También hay muchas revistas que se publican en papel y online y presentan una gran diversidad de trabajos por escritores interesantes. Lo importante es la creatividad que nos motiva a escribir. Así fue que encontré un blog colectivo, como el nuestro, en que los escritores publican relatos en cadena– eso es, cada relato comienza con la última línea del relato anterior. ¡El resultado es fantástico! El único requisito es que el relato no pase de las 250 palabras. Realmente es un arte escribir buenos microrelatos. Es un reto a nuestra creatividad. Quisiera proponer que intentemos algo parecido.

Aquí tienen mi relato, titulado “Cruzar”, que comienza con la última oración del relato publicado por Rhodea Blason en el blog http://www.relatosencadena.com/

Les invito entonces a que escriban un microrelato de no más de 250 palabras, que comience con la última oración que escribo aquí. Después de la primera ronda de relatos, podemos comenzar a entrelazar relatos en inglés. ¡Quién sabe hasta dónde llegaremos!

Saludos literarios,

Mariana

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Cruzar

por Mariana Romo-Carmona

Cruzando el gran portalón se sintieron dos certeros tiros que le dejaron allí tendido al sol. La conciencia encadenada al cuerpo fláccido del prisionero se desprende cual tela adhesiva de sus carnes, empujando el mejunje de maldad podrida y detrito humano para erguirse en la atmósfera salpicada de sangre que rodea al cadáver. El tiempo se ha detenido con un chirriar de frenos. Libres, las burbujas de la conciencia restante se dispersan entre las moléculas de oxígeno que suben hasta alcanzar la corriente que las mezcla en las nubes con moléculas de hidrógeno millares de veces en un ciclo de lluvia, mar y río.

Tiempo, silencio, inmovilidad casi perpetua. En la ciudad de Los Angeles nace un crío de fuertes pulmones, ojos pardos, alma antigua. En otra parte de la ciudad una escritora se rasca la cabeza buscando el hilo melódico de una narrativa que se le escapa hace días. Desde su despacho, Eliana oye los pasos de Susana que se acercan.

–¿Tienes hambre, amor? Te traje pan con tomate y queso y un café con leche…—

–Mmm, qué rico. ¿Cómo sabías?– Susana deja la bandeja sobre el escritorio y abraza a Eliana, cubriéndole la frente de besos.

–Soy adivina. Y, ¿cómo va ese cuento?

–¡Es un desastre! No se me viene a la mente nada más que imágenes en blanco y negro.

Atardece. El horizonte se enciende en una hojarasca. Eliana se pregunta por qué se imagina escenas de una película en que un reo muere acribillado.

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